La participación política ciudadana es la que le da vida a nuestra democracia

En toda democracia, los ciudadanos deben ver representados sus intereses y la mejor forma es por medio de la participación activa e informada. “Una democracia funcional se manifiesta a través de la representatividad: cómo los ciudadanos se ven identificados en quienes eligen y qué tan visibles son sus intereses y preocupaciones”, explica Ángela Rodríguez, directora ejecutiva del NIMD.

Esto tiene un sustento en la Constitución. El primer artículo dice que el Estado colombiano es democrático, participativo y pluralista; y el segundo, que uno de los fines del Estado es “facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan”.

Sin embargo, la participación en Colombia está lejos de ser ideal. “Más de la mitad de la población colombiana no está representada en nuestra democracia”, explica Rodríguez, en referencia a la subrepresentación de las mujeres, la cual se manifiesta en la precariedad de la agenda de género y de promoción de los derechos de las mujeres, entre otros. Lo mismo sucede con otros grupos, como las poblaciones indígena y afro.

La tan anhelada representatividad se logra con la utilización de los mecanismos de participación [link ABC], la intervención activa en rendiciones de cuentas y a través del voto responsable, entre muchos otros.

La participación política ciudadana es la que puede preservar la paz

Además de la participación política ciudadana, la democracia se fundamenta en el diálogo entre los ciudadanos y en la inclusión. Esta última se consigue cuando todas las personas gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades (art. 13 de la Constitución), y una de las formas de garantizarlo es a partir de la debida representación de todos y todas.

Finalmente, los conflictos suceden cuando hay grupos marginados en la toma de decisiones y en la entrega de bienestar y derechos. De hecho, una de las causas del conflicto armado en Colombia en la que hay consenso, es en la exclusión continua de una parte importante de la población en el diseño de políticas públicas y la representación.

Hoy en posconflicto, y –ojalá– con la lección aprendida, el país entero debe enfocarse en garantizar la representación integral de la ciudadanía. Esta representación se logra a través de la participación política ciudadana: que todos y todas participen en la toma de decisiones, en el diseño de las políticas públicas y en el control y balance de la gestión de quienes son elegidos para hacer realidad la voluntad del pueblo.

La participación política ciudadana es la mejor forma de premiar/castigar la gestión de los funcionarios

“La desconfianza y la falta de participación ha sido aprovechada por los políticos y la institucionalidad”, afirma Rodríguez.

Si un/una alcalde/alcaldesa o gobernador/a no cumple sus promesas, existe la revocatoria del mandato [link ABC]. También está el castigo que se le puede proveer a través de la negación del voto la próxima vez que se postule a un cargo de elección popular. Lo mismo pasa con los partidos que avalen a candidatos/tas con historiales de corrupción, o miembros de corporaciones que no representen a quienes lo/a eligieron.

Finalmente, es con los votos que se premia o castiga la gestión de un político, decía el filósofo político Karl Popper.

También existen otros mecanismos de participación que pueden poner en cintura a quienes no hacen su trabajo. La ciudadanía puede solicitar la realización de un cabildo abierto en caso de querer abrir vías de comunicación con concejos, asambleas, alcaldes/alcaldesas o gobernadores/as; o convocar a un referendo derogatorio para echar para atrás una ley impopular o que vaya en contravía del beneficio de las mayorías.

Es con la participación política ciudadana que se crea un puente entre la ciudadanía activa y quienes toman las decisiones.

La participación política ciudadana es la que puede darle vida a los partidos políticos

“Teóricamente los partidos tienen la función de transmitir los intereses de los ciudadanos al Estado. Ellos son ese engranaje entre ellos dos, los cuales están tan distantes”, explica Ángela Rodríguez, directora ejecutiva de NIMD. “Lo que pasa en la práctica es que así no funcionan”.

Pero podrían. “Los partidos son un buen diseño en el sentido que deberían indagar entre la ciudadanía cuáles son sus intereses y preocupaciones, y luego canalizar cada demanda”, afirma Felipe Botero, profesor asociado del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Los Andes.

De hecho, canalizar las demandas y organizar a sus seguidores en pro de la participación ciudadana redundaría en beneficios políticos a los partidos al momento de posicionar temas en la agenda, hacer control político y promover las movilizaciones de sus bases. “La participación ciudadana no puede hacerle(s) un bypass a los partidos, los partidos podrían hacer bien su trabajo activando y movilizando a las personas. Yo creo que si un partido se tomara a pecho la representación podría también sacarle mucho rédito”, agrega Botero.

La participación política ciudadana empodera a la ciudadanía

La democracia se enfrenta a un círculo vicioso que no permite su avance. Por un lado, está la ciudadanía: “yo para qué voto si van a ganar los mismos de siempre”. Y por otro, “a mí nadie me está poniendo cuidado, a mí nadie me está fiscalizando”, dicen los/las gobernantes.

¿Pero entonces de quién es la culpa del estado de las cosas? De las dos partes. Debe haber una corresponsabilidad entre ciudadanía y gobernantes: quién elige y quién es elegido, y quién controla y es controlado.

La participación política ciudadana es la mejor forma de tomar las riendas de lo que pasa en el Estado: de quién es elegido, o quién no lo es; o cuáles proyectos y programas son apoyados y cuáles son rechazados. “Criticamos a los políticos, sin caer en cuenta que algo de nosotros sí se está representando allí, entre los que tienen el poder”, concluye Rodríguez.